LA LINDE, 1-2013

Arqueología de la Guerra Civil:

 

 

ARQUEOLOGÍA DE LA GUERRA CIVIL.

Una arqueología por asimilar

                                                        Miguel Mezquida Fernández.

 

 

 

 

LA ARQUEOLOGÍA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

ES UNA DE "ESAS ARQUEOLOGÍAS"

QUE AÚN ESTÁN EN PAÑALES

 

Si ya la mayoría de académicos y profesionales de la arqueología pensamos que trabajamos en y con una ciencia joven... podríamos decir que la Arqueología de la Guerra Civil está aún en pañales. De hecho incluso administrativamente, según la mayoría de normativas nacionales, autonómicas o municipales, no se pueden entender como yacimientos y materiales arqueológicos las estructuras y elementos pertenecientes a este momento histórico, al no haberse superado los “100” años[1] desde el inicio del conflicto fratricida. Este patrimonio queda en una especie de “limbo” y es que en este sentido la legislación se presenta un tanto ambigua[2] .

 

 Parapeto

 Parapeto defensivo con aberturas para tiradores, Cerro de El Morrón (Olba, Teruel).

 

 

La protección de estos bienes depende un poco de la sensibilidad de los PGOU o de los técnicos que los realizaron. Encontramos algunos casos próximos como el de Paterna y en la ciudad de Valencia vemos como en recientes revisiones del Plan General se han ido incluyendo algunos refugios. Aunque esta situación es tan sólo, a mi modo de ver, un vacío legal a veces intencionado, puesto que algunas comunidades pioneras han legislado en favor de la protección de los restos pertenecientes a la Guerra Civil, como en Aragón y Navarra[3]  , o han generado servicios específicos para tratar una parte muy importante de esta nueva arqueología, relacionada con lo que se ha venido a llamar como Memoria Histórica. Ejemplos de este último caso los tenemos aún operativos en Andalucía y Extremadura o ya extintos tras el último cambio de gobierno en Aragón. Además aplicando estrictamente la Ley de Patrimonio Histórico Español[4] : “[…] forman parte del Patrimonio Histórico Español los bienes muebles o inmuebles de carácter histórico, susceptibles de ser estudiados con metodología arqueológica, hayan sido o no extraídos y tanto si se encuentran en la superficie o en el subsuelo, en el mar territorial o en la plataforma continental”. Pero en la práctica este patrimonio material sigue degradándose o perdiéndose, al mismo ritmo que mueren también buena parte de las fuentes orales (patrimonio intangible), desapareciendo en el olvido. Por eso es tan importante entender la riqueza y el valor patrimonial de los restos procedentes de la Guerra Civil.

 

 

 

LA PROTECCIÓN DE LOS BIENES DE LA ARQUEOLOGÍA DE LA GUERRA CIVIL

DEPENDE, EN CADA CASO, DE LA SENSIBILIDAD REFLEJADA

EN LOS PGOU O LA DE LOS TÉCNICOS QUE LOS REALIZARON

 

 

Por otro lado, hay que dejar claro desde un principio que la Arqueología de la Guerra Civil no sólo se encarga de excavar y exhumar fosas comunes. No es este su principal fin. Es una parte importante del trabajo abarcado por esta especialidad, pero no la única. Esta disciplina, englobada dentro de las arqueologías contemporáneas o del pasado reciente, y que pertenece a la llamada Arqueología del Conflicto (como la Arqueología de la Primera Guerra Mundial[5] ), se encarga de registrar y documentar todos los restos pertenecientes a la Guerra Civil Española y de su posguerra: desde las fosas comunes a los paredones de ejecución, de los campos de concentración a las prisiones o penales, de las trincheras, fortines, puestos de mando y refugios a los campos de batalla...

Ofreciendo todos estos escenarios una gran cantidad de restos materiales de lo más variopintos: cartuchería y armamento bélico en general, prendas de militaría, distintivos militares y políticos, objetos de logística de guerra (latas de comida, cajas de munición, pastilleros, cucharas, escudillas...), monedas…

 Paredon

Paredón de fusilamiento. Paterna (Valencia).

  

varios craneo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Materiales logísticos y de indumentaria, junto con restos óseos humanos (cráneo), hallados a nivel superficial en Peña Salada y Puntal de Magaña respectivamente (El Toro, Castelló).

 

Mención aparte, por supuesto, merecen los individuos recuperados, que suelen conservar en ocasiones parte de sus objetos personales, y que son convenientemente exhumados por antropólogos para esclarecer los hechos de las muertes. Esta es quizás una de las peculiaridades más significativas de los proyectos en los que se excavan fosas de la Guerra Civil, la inclusión de manera sistemática de antropólogos físicos. En cuanto a la metodología de trabajo en sí, varía poco o nada con respecto a otros momentos históricos. Sí que es muy interesante, en cambio, añadir una herramienta normalmente poco apreciada por los arqueólogos (grupo de escépticos en el cual me incluyo). Me refiero al detector de metales. Pero ante una intervención en un espacio de guerra se justifica su uso como un elemento de seguridad más, ya que los arqueólogos y en general todos los trabajadores quedamos expuestos ante la aparición de material bélico que aún conserva capacidad explosiva, especialmente las granadas de mano. Por ello, contar con la colaboración de un experto en la materia puede evitar accidentes desagradables; y debería ser obligatorio realizar un barrido con el detector antes de iniciar la excavación de cada unidad estratigráfica nueva o cada 15/20 cm. Condicionándose, por tanto, con esta manera de proceder el comienzo de la extracción de elementos metálicos que cumplan el perfil de ser potencialmente peligrosos. Tampoco debería descartarse incluir charlas de seguridad especializadas impartidas por los TEDAX (Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos) o la Guardia Civil antes de una intervención arqueológica en zonas de combate de la Guerra Civil.

Como se ha comentado anteriormente, el marco histórico contextual de esta disciplina queda comprendido entre el inicio de la Guerra Civil, con el golpe de estado del 18 de julio de 1936, y el fin de la posguerra española. Señalada esta, según qué especialistas, en 1952[6] , en 1956 (Ismael Saz Campos mantiene que la crisis desarrollada en este año por tensiones internas del régimen, debida a varios factores que demostraban el agotamiento del Autarquismo, marca un cambio en el rumbo de la Dictadura), en 1959 (con el Plan de Estabilización Económica, que supone una abertura definitiva del Régimen), o incluso por historiadores de tradición o tendencia marxista en 1975, cuando por fin expira la Dictadura. Hay que tener en cuenta que para muchos la guerra no acabó hasta la restauración de la democracia en España, y que hasta su último suspiro el régimen mantuvo su política de represión, aunque con menor virulencia que en la primera década posterior al conflicto bélico. Grandes investigadores de reputación contrastada (Paul Preston), han llegado a denominar a este lapso de tiempo de grandes horrores vividos por la población civil (300.000 bajas en los frentes, más de 200.000 represaliados y unos 500.000 exiliados), como el “Holocausto Español”[7] .

 

EL TRABAJO DE LA ARQUEOLOGÍA DE LA GUERRA CIVIL

ESTÁ RODEADO DE MÚLTIPLES DIFICULTADES

POR ASOCIARSE GENERALMENTE

CON TENDENCIAS POLÍTICAS DETERMINADAS

 

Puede decirse que el nombre de Arqueología de la Guerra Civil ha sido acuñado en la última década, desarrollado a base de iniciativas de diferentes arqueólogos o por el trabajo de grupos de investigación, como el que actualmente tiene base en el CSIC, y que es apoyado por el Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT). En esta singular arqueología se hace muy necesaria la interdisciplinaridad, debiendo participar tanto en los proyectos como en los foros de debate: antropólogos, arqueólogos, conservadores, criminalistas o criminólogos, documentalistas, forenses, historiadores y restauradores, entre otros.

Pero este campo de trabajo sigue estado rodeado de multitud de dificultades, sobre todo, las que vienen dadas por la misma incomprensión e intransigencia de algunas tendencias políticas que nos llevaron a la guerra hace más de 75 años, 77 en concreto. Algunos compañeros, literalmente, me advirtieron en más de una ocasión que desestimara participar en proyectos de esta índole, porque podían llegar a marcarme políticamente, ellos preferían no quedar señalados a la hora de conseguir nuevas licitaciones o trabajos. Como bien dice Alfredo González Ruibal “[…] en el contexto actual de España, decidir hacer arqueología de la Guerra Civil es ya en sí un gesto político”. Aunque no debería ser así, yo personalmente creo más en la neutralidad e imparcialidad de un buen arqueólogo, un profesional a la fin, a pesar de que la procesión (como bien se dice), pueda ir por dentro. El método y el rigor científico es el mismo en un oppidum ibérico, una villa romana, una necrópolis musulmana o un castillo bajomedieval, que en un campo de concentración, una prisión o trinchera nacional, o en una fosa común del “terror rojo”, de republicanos o maquis represaliados, o de miembros de la división azul muertos en la antigua URSS. Al menos, así debería ser.

 

ESTA ARQUEOLOGÍA ESTÁ MARCADA POR HERIDAS

QUE AÚN NO HAN CICATRICADO

 

La falta de cicatrización o del cierre de algunas heridas y el desamparo de las víctimas ha motivado la creación de asociaciones y colectivos que llevan trabajando un par de décadas, una vez superados los primeros miedos, en la recuperación de esta memoria histórica o memoria democrática española. Como son los casos en nuestra comunidad de la Gavilla Verde o del Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valencia (GRMHV), al cual me he incorporado recientemente. Probablemente la asociación más conocida de todas sea la ARMH, aunque actualmente hay un gran número de ellas repartidas por casi todas las comunidades autónomas, algunas de dudosa reputación y transparencia. Estas agrupaciones generalmente han contado con grandes especialistas como Francisco Etxeberria y su equipo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que trabajan a nivel nacional, o con la empresa de Manuel Polo y Elisa García que han podido acometer los pocos proyectos desarrollados en la Comunidad Valenciana (junto con otro buen número de actuaciones, sobre todo, en Aragón). Estas intervenciones se han centrado obviamente en la exhumación de fosas comunes, en un intento de buscar justicia y reparar la memoria de los muertos durante el conflicto y de los represaliados de la guerra y la posguerra. Y para paliar de alguna manera este desamparo existente desde la Transición se creó la Ley de la Memoria Histórica[8] , “[…] por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”. A pesar de que esta ley ha permitido desarrollar un sin fin de proyectos, incrementándose las excavaciones, exhumaciones o estudios sobre la memoria de desaparecidos o personajes relevantes de la contienda, como ya anteriormente se hacía; también ha valido para poner en valor y recuperar un amplio espectro de espacios de la Guerra Civil. Espacios y materiales, en definitiva, vestigios que cada vez generan más visitantes y tienen más aficionados, como en el resto de Europa o Norteamérica ocurre con otras grandes guerras. Pero ahora esta ley de 2007, tras 6 años en vigor, ha sido recientemente desmantelada, al quedarse sin dotación económica.

 

 

 

 fosas

 Trabajos de localización de fosas llevados a cabo por miembros del GRMHV en Peña Juliana (Bejís, Catelló). Imagen tomada por el fotógrafo Mario Estruch.

 

La realidad es que las posibilidades del patrimonio procedente de la Guerra Civil son muchas y diversas, sobre todo como dinamizador turístico, especialmente en zonas más rurales o deprimidas con menos recursos, donde proyectos de explotación de este tipo se enmarcan dentro de un plan más global de desarrollo sostenible. Suelen tener una buena acogida y funcionan dotando a las diferentes localidades que han probado suerte, de una herramienta más para revitalizar su oferta y ofrecer nuevos atractivos, aparte de generar empleo y una fuente de ingresos extra para el municipio. La puesta en valor o recuperación del patrimonio del conflicto combinado con un cuidado entorno natural está dando muy buenos resultados, al proporcionar a la vez cultura y naturaleza. Aunque también se ha trabajado en distintos proyectos que han rehabilitado espacios en zonas urbanas. Por tanto, muy variados son en su conjunto los ejemplos a nivel nacional: “Espais de la Batalla de l’Ebre”, Espacios Históricos de Abánades, el Proyecto de recuperación del Penal de Bustarviejo, la Ruta de la Trincheras en Sarrión o los Refugios de la ciudad de Almería. En menor cantidad se encuentran también en la Comunidad Valenciana, como muestra de ello: la recuperación de trincheras en Jérica, Viver o Náquera (“Cabeç Bord”), la Ruta de refugios antiaéreos de la Guerra Civil en la Pobla del Duc y la Memoria de Alcublas. A pesar de su diversidad, en todos ellos la arqueología es el nexo de unión y puede jugar un papel fundamental en el proceso, como también reconoce Alfredo González Ruibal.

 

LAS POSIBILIDADES DE DESARROLLO COMO

DINAMIZADOR CULTURAL Y TURÍSTICO PROCEDENTES

DE LA ARQUEOLOGÍA DE LA GUERRA CIVIL

PODRÍAN SER DE GRAN AYUDA EN ZONAS RURALES O DEPRIMIDAS

 

 

Seguramente muchos compañeros de profesión puedan disentir de la importancia o de la visión general que acabo de ofrecer sobre la Arqueología de la Guerra Civil, pero, al fin y al cabo, esta es tan sólo una humilde opinión más. Lo que sí es innegable es que esta disciplina, que lleva desarrollándose aproximadamente entre 10 y 15 años, realmente una nimiedad, aún tiene mucho que evolucionar y mucho que decir, hasta conseguir llegar a un reconocimiento merecido y necesario para la revalorización de un patrimonio muy rico y la recuperación de una memoria histórica que en algunas ocasiones aún sigue viva, de ahí parte de su complejidad.

 

 

Finalmente espero desde este primer artículo a modo de editorial, iniciar en esta revista un nuevo foco de debate y de publicación de diferentes estudios relacionados con la Arqueología de la Guerra Civil. El primero de estos trabajos lo presentamos a continuación: “Investigación de los grafitis realizados durante la Guerra Civil y Posguerra española. Aplicación de una propuesta de Modelo de Estudio a un caso concreto ubicado en la zona de la Plana Baixa (Castelló)”. Basado en el Trabajo de Fin de Máster de Irene Monllor López, con la que tengo el gusto de trabajar y colaborar en diferentes proyectos de Arqueología de la Guerra Civil y de Recuperación de la Memoria Histórica.

 

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ENLACES:

 

http://guerraenlauniversidad.blogspot.com.es/

 

http://espacioshistoricosdeabanades.blogspot.com.es/

 

http://www.batallaebre.org/

 

http://memoriadealcublas.blogspot.com.es



[1] PEREZ, A; MORÍN, J; ET AL.: “El patrimonio arqueológico de la guerra civil. La protección de los espacios asociados a la guerra civil española”. Bolskan, 21, 171-180. Huesca, 2004.

[2] MARTÍNEZ VELASCO, A.: “Breve introducción a la cartuchería para arqueólogos”. Sautuola, XIV, 383-398. Santander, 2008.

[3] Ley Foral 14/2005, de 22 noviembre 2005. Ley Foral de Patrimonio Cultural de Navarra.

[4] Ley 16/85,título V, artículo 40.1.

[5] SAUNDERS, N.J.: “Killing time. Archaeology and the First World War. Stroud, Sutton, 2007.

[6] GONZÁLEZ RUIBAL, A.: “Arqueología de la Guerra Civil española”. Complutum, vol. 19, Nº 2, 11-20. Madrid, 2008.

[7] PRESTON, P.: “El Holocausto Español”. Editorial Debate. Barcelona, 2012.

[8] Ley 52/2007, de 26 de diciembre.

 

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Gente en la conversación

  • Un articulo muy ilustrativo de lo que es la arqueologia de la guerra civil. Nosotros hemos intervenido en ambas "arqueologias de la guerra civil" es decir en excavaciones/ exhumaciones de fosas comunes como en la de documentacion y excavacion de trincheras, bunkers, etc. La verdad es que esperamos que la administracion competente se empiece a preocupar un poco mas acerca de los campos de batalla. De las fosas comunes...¿que decir? Pensamos que hay que excavarlas en su totalidad...pues pensamos que son de indudable interes arqueologico. Gracias por el articulo

  • Invitado (Víctor Algarra. La Linde)

    Gracias Jesús. En estos momentos estoy escuchando en un medio de comunicación (en relación con el estado del rey y la situación actual de la monarquía) como todavía la recuperación de la Memoria Histórica de la Guerra Civil y la Postguerra no sólo sigue sin ser admitida como un derecho social, sino que además sigue siendo despreciada. Los arqueólogos, como técnicos de la historia, debemos preocuparnos por conocer las evidencias materiales de la Historia y, por supuesto, interpretarla desde el rigor. Este es el ánimo de la sección. Gracias de nuevo por tus palabras y desde la revista te animamos a que presentes algún trabajo. Saludos. Víctor Algarra y Paloma Berrocal

  • Invitado (Víctor Algarra. La Linde)

    Gracias Jesús. En estos momentos estoy escuchando en un medio de comunicación (en relación con el estado del rey y la situación actual de la monarquía) como todavía la recuperación de la Memoria Histórica de la Guerra Civil y la Postguerra no sólo sigue sin ser admitida como un derecho social, sino que además sigue siendo despreciada. Los arqueólogos, como técnicos de la historia, debemos preocuparnos por conocer las evidencias materiales de la Historia y, por supuesto, interpretarla desde el rigor. Este es el ánimo de la sección. Gracias de nuevo por tus palabras y desde la revista te animamos a que presentes algún trabajo. Saludos. Víctor Algarra y Paloma Berrocal

  • Invitado (Miguel Mezquida Fernández)

    ¡¡Hola Jesús!! Muchas gracias por tus palabras. Espero que este, como los nuevos y próximos artículos de la Sección de Arqueología de la Guerra Civil, te resulten de interés o puedan llegar a aportarte o ayudarte en tus investigaciones. Además, incido en la invitación hecha por Paloma y Víctor, estaríamos encantados de poder contar con tu colaboración para una publicación de alguna experiencia de excavación o exhumación desarrollada por tu grupo de trabajo.
    ¡¡Un saludo y de nuevo gracias!!

    de Valencia, Spain
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