LA LINDE, 3-2014.

 Resultados:  

 

CONSERVAR Y RESTAURAR:

LA IMPORTANCIA DE LA PREVENCIÓN EN LA PRESERVACIÓN DE LAS COLECCIONES ARQUEOLÓGICAS

Dra. Trinidad Pasies Oviedo.

Conservadora-restauradora del Museu de Prehistòria de Valencia.  

 

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Reparación antigua realizada en un mosaico opus tessellatum. Ostia Antica (Roma)

 

A lo largo de la historia siempre ha estado presente el concepto de conservación, entendido como la preocupación de la sociedad por salvaguardar todo aquello que consideraba valioso. Pero los criterios para “conservar y restaurar” han variado mucho a lo largo de los siglos; desde aquellas intervenciones en las que las operaciones de “restauración", o más bien “reparación”, solo pretendían devolver la funcionalidad a los objetos de uso común, a otras en las que únicamente se procuraba, en la medida de lo posible, restituir a las obras su apariencia original, siendo a menudo los propios artistas los que se dedicaban a realizar todo tipo de reparaciones con las mismas técnicas y materiales empleados para su fabricación.


En la actualidad, gracias a la evolución de los criterios que han ido marcando las normativas internacionales, actualmente nuestra profesión es capaz de distinguir entre dos actividades complementarias, pero bien diferenciadas: conservar y restaurar1. De ahí la denominación de nuestro perfil profesional como conservadores-restauradores.

 

El concepto de restauración

“Restauración”, según el diccionario de la Real Academia Española, expresa la acción de restaurar: “reparar, renovar o volver a poner algo en el estado o estimación que antes tenía”2. Su función es estética para restablecer las cualidades originales de la obra y facilitar su comprensión. Restauramos cuando la degradación ya se ha producido, intentando remediar los daños ocasionados y actuando físicamente sobre las piezas, lo que implica una intervención directa. Entre los procesos que forman parte de la restauración en materiales arqueológicos estarían los tratamientos de limpieza, los montajes de fragmentos o reconstrucciones y la reintegración de zonas perdidas.

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Los procesos de restauración en cerámica arqueológica: limpieza (izquierda) y reconstrucción de zonas perdidas (derecha).

 

Es una intervención totalmente subjetiva, porque son numerosos los factores que influyen a la hora de decidir cómo abordar un tratamiento de restauración, una metodología de trabajo o un producto determinado. En primer lugar, cada obra es única, por lo que dependiendo de su estado de conservación puede requerir uno u otro tratamiento. En segundo lugar, la elección del tratamiento más “correcto” se verá mediatizado por la ética profesional del propio conservador-restaurador, su experiencia, sus criterios, su especialización, su formación o sus habilidades prácticas. Y en tercer lugar, cualquier intervención de restauración que consideraríamos aceptable, puede verse influida por decisiones impuestas, la escasez de recursos económicos y humanos, o las urgencias de muchas intervenciones arqueológicas.

 

Debido precisamente a la subjetividad inherente al proceso de restauración, a partir del siglo XIX aparecen los primeros criterios y normativas de restauración de la mano de algunos personajes históricos del mundo de la arquitectura, como Viollet-le-Duc (1814-1879), John Ruskin (1819-1900) o Camilo Boito (1836-1914). No es de extrañar que todos estos documentos se sitúen cronológicamente en la primera mitad del siglo XX y hasta después de la Segunda Guerra Mundial, momento en el cual se toma conciencia del gran poder destructivo de la civilización moderna.

 

Pero una de las figuras que más ha influenciado en el nuevo concepto de restauración ha sido, sin duda, Cesare Brandi (1906-1988). Brandi, fue director del Istituto Centrale del Restauro y autor de la Teoría de la Restauración (1988)3 y de la Carta del Restauro (1972)4, donde analiza el significado y los métodos del restauro, subrayando los criterios teóricos que han guiado desde entonces nuestra profesión: respeto al original, reversibilidad de los productos empleados y reconocimiento de los añadidos. Un referente internacional al que en los últimos años añadimos nuevos conceptos, como la necesidad de trabajar con equipos interdisciplinares, la compatibilidad de los materiales, el apoyo de las técnicas científicas de análisis, la importancia de la documentación y el requerimiento de actuar de acuerdo al precepto de “intervención mínima”, es decir, realizar solo aquellos tratamientos imprescindibles para garantizar la salvaguarda del bien y de la información que este nos aporta.

 

El concepto de conservación

Ante la subjetividad de la restauración, que implica siempre una intervención directa sobre las piezas y, consiguientemente, una mayor posibilidad de cometer errores, hoy en día es mucho más valorado el concepto de conservación, cuyo fin es intentar evitar o prevenir la degradación5.

4Ejemplo de “conservación curativa”: eliminación de sales solubles en un ánfora de procedencia subacuática.

 

Bien es cierto que en algunas ocasiones puede ser necesario realizar algún tratamiento directo para detener procesos dañinos (conservación curativa), como los procesos para estabilizar un metal ante el avance de la corrosión activa o la eliminación de sales solubles en una cerámica. Pero a menudo no es necesario actuar sobre las piezas, sino solo cuidar las condiciones de su entorno (conservación preventiva). Conservamos, por ejemplo, cuando controlamos los parámetros ambientales peligrosos para las obras (luz, humedad, temperatura, contaminantes, etc.) o tomamos medidas para el adecuado almacenamiento de los restos arqueológicos, para su transporte o manipulación. Igualmente conservar es sinónimo de educación y mentalización en materia de protección de patrimonio. La prevención, de hecho, ha sido uno de los grandes avances de los últimos años6 y hoy día se considera un elemento fundamental en cualquier estrategia que pretenda la correcta conservación del patrimonio.

 

Conscientes de la importancia de plantear políticas de prevención sobre las colecciones museísticas, en el Laboratorio de Conservación y Restauración del Museu de Prehistòria de Valencia se ha planteado la mejora en uno de los aspectos que atañen a la prevención: el embalaje de las piezas.

 

Un ejemplo de prevención: embalaje de piezas arqueológicas

Todos los esfuerzos que el conservador-restaurador lleva a cabo en los laboratorios durante la intervención de las piezas no tendrían sentido alguno si después no se van a adoptar medidas de prevención que garanticen la conservación de los restos a largo plazo. Y el modo en el que las piezas se guardan dentro de los almacenes es uno de los factores que conviene cuidar, no solo para que su manipulación sea la correcta, sino para mantenerlos en condiciones ambientales óptimas, dependiendo del tipo de material.

Caja conservacin

Vídeo del proceso de realización de una caja de conservación para el embalaje de objetos arqueológicos. Museo de Prehistoria de Valencia, realización de Trinidad Pasies, María Perales y Laura Garofalo

 

El objetivo de un buen embalaje es proporcionar al objeto arqueológico la protección adecuada a tres niveles: físico, químico y biológico. Para ello se aconseja el uso de soportes y materiales adecuados, químicamente inertes, que eviten al máximo la manipulación directa con los objetos y los inmovilicen para evitar alteraciones.

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Proceso de realización de una caja de conservación para el embalaje de un conjunto de objetos metálicos.

 

En el Laboratorio de Conservación y Restauración del Museu de Prehistòria de Valencia los antiguos embalajes, realizados con materiales no inertes, han empezado en los últimos años a revisarse y a sustituirse por otros más adecuados, en concreto cajas nido fabricadas con cartón de conservación libre de ácido e interior revestido con espuma de polietileno expandido, reguladas contra un exceso de humedad a través de un material absorbente (perlas de gel de sílice ArtSorb-Prosorb®, programadas al 40-50%), colocado dentro de bolsitas de Reemay® (100% poliéster no tejido, entrelazado al azar, exento de ácido), junto a una tira indicadora de humedad. El diseño de un buen embalaje dependerá en gran medida de las características de cada caso particular. Estas cajas se pueden realizar de forma individual para piezas concretas, pero también se pueden fabricar para albergar conjuntos específicos, agrupados según materiales, tipo de objeto, procedencia, etc.; en definitiva, de acuerdo a criterios que vienen determinados por los conservadores del museo y que no solo garantizan una mejor preservación de las piezas, sino una cómoda localización y una correcta presentación ante la posibilidad de que el material pueda ser solicitado para su estudio. Las cajas se fabrican a medida y pueden tener uno o más niveles, donde cada pieza tiene su lugar específico y va identificada con su correspondiente número de catálogo, que queda claramente indicado además en la doble etiqueta exterior que incluye una fotografía del conjunto, con el fin de facilitar su rápida identificación.

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Etiqueta identificativa donde se detalla el conjunto de piezas que contiene la caja, convenientemente numeradas, e indicando datos básicos sobre el tipo de material, procedencia y cronología.

 

En este tipo de embalajes se colocan los materiales que han sido intervenidos en el Laboratorio y que no forman parte de la colección permanente, sino que van a permanecer en los almacenes, sobre todo material metálico, óseo y vítreo, que por sus especiales procesos de alteración requieren de medidas especiales para su correcta preservación. En la estrategia de prevención se incluyen los protocolos de seguimiento y control a medio plazo, planteando inspecciones periódicas de las cajas para comprobar su eficacia y poder realizar operaciones de mantenimiento (control de las tiras de humedad, cambio del material absorbente, revisiones rutinarias, etc.).

 

Son muchas las parcelas que todavía se pueden abordar y mejorar en materia de prevención, pero al menos con esta iniciativa se logra cumplir con la responsabilidad del conservador-restaurador, proponiendo estrategias que garanticen en la medida de lo posible la estabilidad de las obras, para lograr minimizar las causas de alteración.

 

Agradecimientos

Nuestras palabras de agradecimiento a la directora del Museu de Prehistòria de Valencia, Helena Bonet, y a la conservadora Mª Jesús de Pedro, por su confianza y apoyo. A María Perales, becaria de la institución, por su inestimable ayuda. Igualmente al Archivo del propio museo, de donde hemos extraído la documentación fotográfica mostrada en este artículo sobre los trabajos realizados en el Laboratorio.

 

Notas

1International Council of Museums-Committee for Conservation. Terminología para definir la conservación del patrimonio cultural tangible (2008). http://ge-iic.com/files/Cartasydocumentos/2008_Terminologia_ICOM.pdf [consulta: 5/6/2014]

2. http://lema.rae.es/drae/?val=restaurar [consulta: 5/6/2014]

3. BRANDI, C. (1988): Teoría de la restauración. Alianza, Madrid, 149 p.

4. http://ipce.mcu.es/pdfs/1972_Carta_Restauro_Roma.pdf [consulta: 5/6/2014]

5. International Council of Museums-Committee for Conservation. Terminología para definir la conservación del patrimonio cultural tangible (2008). http://ge-iic.com/files/Cartasydocumentos/2008_Terminologia_ICOM.pdf [consulta: 5/6/2014]

6. Conclusiones de la Reunión de Vantaa (2000). http://www.ivcr.es/media/descargas/6b-resolucion-de-vanta.pdf [consulta: 5/6/2014]

 

 

 

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