LA LINDE, 2-2014

Cómo está la profesión...!

 

 

MIRANDO HACIA EL FUTURO:

REINVENTANDO LA ARQUITECTURA DEL PASADO.

 

Los arquitectos especializados en restauración

 

                                                       

 

Ana García Sanchez. Arquitecta

 

 

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Nuestra madre nos cuenta cómo al hijo de su compañero de trabajo, que “acabó hace poco ingeniería, o algo parecido a lo tuyo”, su empresa lo ha destinado a Arabia Saudí y le pagan una pequeña fortuna, impensable en nuestro país, además de los gastos de establecerse allí con su familia.

A casi todos nos resultará familiar esta escena.

También habremos oído hablar de otros con menos suerte, pero más atrevidos si cabe, que marchan a América Latina, al lejano Oriente o al norte de África con la esperanza de encontrar un trabajo gracias al boom inmobiliario que está teniendo lugar en estos países.

 

Para una gran parte de los jóvenes recién licenciados, el actual panorama laboral en España es la excusa perfecta para marcharse a otros países (cada vez más a otros continentes, debido a la colmatación que ya ha tenido lugar en los cercanos –y cómodos, por temas de visados- países de la Unión Europea) en busca de aventuras y a conocer otras culturas y formas de vida, amén de comenzar a labrarse un futuro algo más optimista que el que atisbamos a ver hoy en nuestro país. Al menos en lo que se refiere a levantar nuevos y llamativos edificios.

Pero, ¿es ésta la única salida para los cientos de arquitectos que salen cada año de las escuelas españolas (los cuales, por cierto, comenzaron la carrera en plena burbuja inmobiliaria, muchos de ellos atraídos por la bonanza económica de sus padres, familiares o amigos de sus padres arquitectos)? Afortunadamente no. Una solución es encontrar trabajo en lo que sea, aunque no tenga nada que ver con sus estudios, al menos hasta que vengan tiempos mejores, con el fin de pagar sus gastos (los que tienen la suerte y/o la valentía de haberse independizado) o de echar una mano en casa (a los que los padres les preguntan día sí, día también, que cuándo van a abandonar el nido).

La otra opción, antes de pasar a engrosar la lista de los miles de jóvenes españoles “ni-ni” (“ni estudian ni trabajan”), es seguir estudiando. Algunos con más ganas comienzan un nuevo grado. La mayoría de los que continúan en las aulas, no obstante, se decantan por especializarse en algún ámbito relacionado con su disciplina (o no) apuntándose a un máster. Dentro de la arquitectura, una de las salidas alternativas más en boga últimamente es la restauración y rehabilitación de edificios históricos, por aquello que comentábamos de la colmatación del parque inmobiliario en las ciudades españolas (y europeas en general) y la dificultad de construir edificios nuevos; así como por la abundancia de inmuebles de cierta antigüedad que requieren técnicos especializados y sensibles con los materiales y técnicas constructivas de décadas y siglos pasados.

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 ¿Cuáles son sus inquietudes? ¿Qué expectativas ven para trabajar en esto, tanto aquí como en el extranjero? ¿Esperan que esta salida les realice más que la obra nueva o lo hacen tan sólo por motivos prácticos?

En los siguientes párrafos examinamos el caso de varias arquitectas españolas y latinoamericanas (porque hemos comprobado con interés que las mujeres son mayoría en este campo), que han decidido dar un pequeño giro a su carrera profesional convirtiéndose en arquitectas conservadoras, con el fin de hacernos una idea de cómo está el panorama de la restauración arquitectónica “desde dentro”.

 

Alba tiene 27 años y es de Castellón, donde vive felizmente con su marido, con el que se casó el verano pasado, justo después de haber terminado la carrera de arquitectura en Valencia, en abril de 2012. Acto seguido se matriculó en el máster de Conservación del Patrimonio que ofrece la escuela de arquitectura de Valencia para comenzar en septiembre del mismo año. Alba tomó esta decisión motivada por planteamientos no sólo vocacionales (“seguir perfilando el punto de vista que lleva a una especial sensibilidad y cuidado de un patrimonio arquitectónico irrepetible”, en palabras de ella) sino fundamentalmente prácticos, derivados de “una reflexión y análisis del contexto laboral, social y económico concreto que existía en ese momento”. Con la ilusión de abrirse camino en este ámbito, a principios de año comenzó a colaborar a tiempo parcial con un estudio de Valencia especializado en restauración arquitectónica, a la vez que cursaba el mencionado máster. Por si todo esto no fuera poco, Alba es una dedicada bloguera y tiene su propio negocio de diseño de tocados para bodas (am-momentosespeciales.blogspot.com.es/), y es co-fundadora de una empresa de certificaciones energéticas (www.ayecertificaciones.com). Todo un ejemplo de mujer del siglo XXI, vaya.

 

También le preguntamos cómo se ve dentro de unos años. Como parece bastante lógico, su ideal sería subsistir realizando proyectos de restauración de edificios históricos de forma independiente, colaborando puntualmente con otros arquitectos. Aunque no descarta hacer de vez en cuando un proyecto de obra nueva, también por su cuenta.

 

Por otro lado, nos ha llamado la atención el tener un número relativamente elevado de arquitectas hispanoamericanas que vienen a España para especializarse y aprender más acerca de la restauración de edificios históricos. Sin ir más lejos, en la presente edición del máster de conservación del patrimonio en Valencia, contábamos 5 (lo cual supone casi un 10% de los alumnos del máster), la mayoría de las cuales pretenden regresar a sus países con el fin de aplicar allí los conocimientos adquiridos. Porque, según nos cuentan, el desarrollo que está experimentando esta parte del mundo no está suponiendo únicamente que se levanten miles de edificios de nueva planta, sino que está permitiendo que se destinen recursos a preservar el rico patrimonio arquitectónico que poseen. El problema en estos lugares es que, a pesar de que se está tomando cada vez mayor conciencia e interés en conservar su patrimonio, encontramos una acuciante falta de profesionales expertos en estructuras históricas que sepan actuar de forma respetuosa y adecuada, junto a la inexistencia de programas de formación específicos en esta disciplina. De ahí la necesidad de las empresas que intervienen en edificios históricos en estos países de mandar a sus arquitectos a España a ampliar conocimientos, o de incorporar a sus plantillas personal formado en Europa.

 

Urieta es uno de estos casos. Urieta se vino desde Perú gracias a un programa de becas de posgrado entre Hispanoamérica y España. A sus 30 años, llevaba ya unos cuantos dirigiendo proyectos de restauración por todo su país, hasta que llegó un momento en que se tuvo que enfrentar con la reparación de la cúpula de una iglesia y fue entonces cuando fue consciente de que no tenía los conocimientos suficientes para afrontar el proyecto. Esto fue lo que le motivó a cruzar el charco con el fin de aprender de gente con más experiencia en estos temas. Al terminar el máster, Urieta regresó a su país a retomar su trabajo. Sin embargo, a pesar de ser una respetada profesional, también le gusta estar continuamente formándose, con lo que tiene en mente volver a España para seguir con el programa de doctorado en conservación del patrimonio arquitectónico.

 

Volviendo a nuestros arquitectos, tenemos el ejemplo de Lucía, arquitecta valenciana de 30 años. Ella es de las que decidió retomar los estudios ante la disponibilidad de tiempo provocada por la falta de trabajo en la actualidad, tras haber estado varios años trabajando con diversos estudios de arquitectura. Su obsesión por la arquitectura vernácula y los materiales nobles, así como por arreglar cosas es el principal motivo que le llevó a emprender este camino. Un camino que, al igual que Alba, ve con bastante futuro, en parte debido a las nuevas normativas que hacen hincapié en seguir usando los edificios existentes obligando a sus propietarios a realizar inspecciones de eficiencia energética e informes sobre su estado de mantenimiento, tareas que suponen un flujo de trabajo importante para arquitectos. Sin embargo, apunta, lo que ve más complicado es “llevar a cabo intervenciones de verdad, ya que son edificios muy particulares y delicados y tienes que tener experiencia para generar confianza” entre los promotores, que en la mayoría de los casos es la Administración.

 

Lucía se considera una víctima de la crisis. Nos confiesa ahora mismo estar abierta “a cualquier oferta tanto en este ámbito como en otros”, y también es de las que se está afanando por afianzar sus conocimientos de idiomas con el objetivo de probar suerte en otros países. Pero no pierde la esperanza: a pesar de la mentalidad consumista que ha caracterizado nuestra sociedad, confía en que poco a poco se irá consiguiendo instaurar en nuestro ámbito geográfico “la mentalidad ecológica de conservar lo que ya existe, y no utilizar y tirar”.

 

Por último, hablamos con una arquitecta recién licenciada. Julia es de Zaragoza, a donde se volvió a pasar un merecido verano sabático tras el sprint final de su proyecto de fin de carrera en Valencia en julio de este año. Reconoce que aún no tiene nada claro a qué se quiere dedicar, y que quiere pasar un tiempo probando diversas alternativas. Tampoco descarta la idea de terminar trabajando en algo que no tenga nada que ver con sus estudios. Admite, no obstante, que dentro de la arquitectura, lo que más le interesa es la historia y la conservación del patrimonio. Pero ella por el momento no tiene en mente cursar el ya mentado máster, ya que tuvo la opción de especializarse en esta disciplina cursando diversas asignaturas optativas a lo largo de la carrera. Sin embargo, a pesar de sus motivaciones, se lamenta de que, a día de hoy, el principal obstáculo con el que se enfrentan los arquitectos restauradores es la escasez de recursos que destina el Estado a conservar su patrimonio histórico.

 

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 Como era de esperar, diversas historias, diversas motivaciones, pero girando todas en torno a una pasión común: convertirse en expertas en estudiar y conservar el patrimonio construido con el fin de que las generaciones futuras lo puedan disfrutar igual que lo hemos disfrutado nosotros. Así, siendo un poco optimistas, de aquí a poco tiempo, para los estudiantes de arquitectura o recién licenciados españoles que se decanten por especializarse en restauración, no será necesario emigrar a destinos exóticos para labrarse una carrera profesional que les permita mantenerse económicamente y a la vez realizarse personalmente. Aunque siempre quedarán algunos con ganas de aventuras…

 

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